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Posts Tagged ‘Tarjetas de crédito’

¿Y que pasa si son ellos? ¿Y que pasa si soy yo?

…la que toca esta guitarra, la que canta esta canción

  • Lunes 8:00 am – Te preparas para la oficina, te das cuenta de que no traes ni un clavo en la cartera.
  • Lunes 8:30 am – De camino (ya corriendo) pasas al cajero y retiras lo que queda en tu exprimida cuenta de nómina. Haces nota mental de que la próxima quincena es hasta el próximo lunes, ¡upps!
  • Miércoles 7:00 pm – Se prende ese odioso foquito amarillo en el tablero del auto. Tu coche suplica por algo de gasolina, te detines y cuando al disponerte a pedir “tanque lleno” encuentras que no cuentas sino con moneditas

¿Quién se robó mi dinero? ¿Dónde están los ladrones?

¿Y si fuiste tu? Comienza un maratón mental tratando de recordar en qué te gastaste el dinero, a tu mente vienen la cooperacha para el pastel de la niña de la fotocopiadora, la tanda a la que entraste y cuyo final parece no llegar nunca, los taquitos que pediste porque no te dio tiempo de salir a comer, la multa que pagaste en el videoclub cuando devolviste las películas que tenías que haber regresado desde el jueves pasado, el “the chai latte grande leche ligth” que se te antojó ayer, el boletito de la lotería ¿y? eso suma apenas poco más de la mitad de lo que había en tu cartera, ¿qué pasó con el resto?

Al borde de la migraña después del vano esfuerzo mental por recordar en qué mas gastaste pides que le pongan solo 5 litros, suficiente para llegar a casa y pasar mañana al cajero para retirar efectivo ¡de la tarjeta de crédito!

Las fugas de dinero de la cartera son todos esos “pequeños” gastos que hacemos y no registramos. Desfortunadamente no podemos controlar aquello que no medimos!!!

La página de Profeco tiene un formato excelente para controlar nuestros gastos. Si realizamos el ejercicio durante dos semanas seguidas podemos encontrar nuestras tendencias y hábitos de consumo que es el primer paso para construir un presupuesto que funcione.

¿Quién se robó mi dinero?

¿Quién se robó mi dinero?

¿Y qué pasa si soy yo quien se roba mi dinero?

Karla Bayly

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Ir a una venta nocturna pensando que va a ir uno a “ahorrar” es mentirse a uno mismo. Para algunas personas, ir a una venta nocturna es igual a ir a gastar lo que no se sabe si se podrá pagar, en artículos que no siempre se necesitan.

Escribo este post desde la oscuridad de los que nunca se han desvelado comprando. Al parecer el atractivo consiste en tomar alguna(s) copa(s) de vino de cortesía y escuchar música en vivo, algo así como asesinar tu tranquilidad financiera en un estado muy festivo, eso sí.

Dado que se avecinan las ofertas de verano, he aquí algunas preguntas que te pueden ayudar a hacer de tu próxima venta nocturna un cúmulo de compras inteligentes:

  • ¿Voy a la venta nocturna porque necesito comprar algo o porque no tengo algo mejor que hacer? No se trata de ir a pasear sino de adquirir algún producto necesario bajo la premisa de aprovechar una buena oportunidad de compra.
  • Si necesito comprar algo ¿he comparado precios? ¿es ése el mejor lugar para comprar? Previo a la tan esperada cita, un comprador inteligente verificará precios en diferentes almacenes.
  • ¿Puedo conseguir éste artículo más barato en otro lugar y, además, sin desvelarme? Definitivamente el sacrificar horas de sueño deambulando por un lugar lleno de gente no es lo mío. Gastar y desvelarme esta más asociado a salir a cenar a algún lugar bonito con mi esposo en donde podamos platicar.
  • ¿Tengo un límite de gasto establecido? ¿Cómo sabré que he alcanzado dicho límite? Ir a un evento de este tipo sin un presupuesto establecido es casi como aventarse de un avión sin paracaídas. Saber la cantidad que puedo disponer para las compras y firmar con la tranquilidad de que podrá pagarse hacen de un comprador impulsivo, un consumidor preparado.
  • 20% en monedero electrónico ¿es eso una oferta o un gancho para regresar a comprar otras cosas que no necesito en la próxima venta nocturna? El dinero que no es dinero en realidad es sinónimo de esclavitud. Las tiendas te “obligan” a regresar sin darte la opción de elegir el lugar de tu próxima compra.
  • ¿Cuánto le cuesta a la tienda el vino de cortesía que los compradores se pelean? Bueno, ésta te la puedo contestar yo: cada copa que te tomas, le cuesta a la tienda, en promedio, $5 pesos. Con una inversión de $15 pesos la tienda se asegura de que el estado etílico le ayude a sus clientes consentidos a firmar con singular alegría.
  • ¿Compro lo que quiero o lo que encuentro? Mi experta en ventas nocturnas tiene un cúmulo de anécdotas divertidas  sobre el como arrebatarse un sweter con otra “dama” o encontrar un pantalón talla X entre decenas de prendas amontonadas, para terminar comprando lo que sea a un precio que no querías pagar.
  • Regalos de bodas a más meses sin intereses de lo que durará el matrimonio. Sé que es cruel, pero ésta sí es toda una anécdota de la vida real.

Una venta nocturna puede ser todo un “happening” siempre y cuando te acompañen un objetivo de compra y un presupuesto establecido. Tal vez sería interesante aprovechar las ventas nocturnas por internet.

¿Existen otras razones para ir a las ventas nocturnas?

Karla Bayly

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¿Debería nuestra tarjeta de crédito definir nuestra personalidad? Al parecer hay personas que opinan que es correcta tal aseveración según un estudio realizado por Banca Serfín (ahora Santander).

Según este estudio sobre hábitos de uso de tarjeta de crédito, los usuarios prefieren pagar una comida cara con su plástico de American Express en lugar de hacerlo con una tarjeta Ligth, ésta última la dejan para el anónimato que produce la fila del supermercado, por ejemplo. Para aquellos que son “totaleros” (los que pagan el total de sus compras mensuales) lo anterior no representaría ningún problema, pero ¿qué pasa con los que hacen “bloff” a cambio de pagar un dineral de intereses?

Recuerdo también el comentario de cierta deudora de tarjetas de crédito sobre lo importante que se sentía cada vez que firmaba con su plástico doradito… Confieso que sentí pena ajena por alguien que necesita poner su valor como persona en el color de una tarjeta y también agradecí el hecho de nunca haber pagado con mi tarjeta “barata” en su presencia ¿habría pensado que yo no valía tanto? ¿se habría negado a volver a comer conmigo?

Así que revisando el comparativo de tarjetas de crédito que proporciona la Condusef me propuse encontrar los rasgos de personalidad necesarios para el poseedor de los siguientes plásticos:

American Express: Si usted pensaba que es la marca exclusiva de los poderosos y adinerados lamento informarle que ha vivido en un error. Las tarjetas American Express “solamente” cargan un interés del 41.36% y de acuerdo al tipo de plástico el CAT (costo total anual) oscila entre en 56.25% y 56.89% (la Platino es la más barata con un CAT de 32.59%). Si añadimos el hecho de que esta tarjeta es rechazada en la mitad de establecimientos que usted frecuenta, entonces no podrá mostrar su estatus tan fácilmente, a menos claro, que se pelee a gritos con la pobre empleada, que no tiene nada que ver con la decisión de aceptar o no la tarjeta, haciéndole ver lo “piojoso” que es el establecimiento. Desafortunadamente éste es un caso de la vida real que no precisamente demuestra la “clase” del/la tarjetahabiente. ¿Viaja usted mucho y sabe como administrar sus millas? Felicidades, tiene el plástico correcto. Solamente le recomendamos que pague totalmente sus compras pues le sale muy caro pagar boletos de avíon vía intereses del 56%

Santander: Con excepción del plástico ligth, los usuarios de Santander nos “gritan” lo desprendidos que pueden ser con su dinero pues aceptan pagar CATs que varian entre 81.66% y 83.23%. No por nada este banco ha sido el menos afligido por la crisis actual en nuestro país. Cualquier negocio soñaría con tener clientes como usted ¡Felicidades!

Banorte: De ahora en adelante buscaré sabios consejos de todo aquel que pague sus compras con Banorte Fácil pues esta tarjeta resulta ser el plástico más barato con un CAT de 23.69% y una comisión anual de tan solo 120 pesitos. Mi estimado tarjetahabiente: no deje que nadie le mire feo de ahora en adelante. Mejor mírelos usted a ellos y deles su más tierna mirada de compasión cuando los vea sacar sus tarjetas de más de 60% de interés.

BanCoppel: A usted, ni como ayudarlo ¿cree que es importante porque no le duele regalar su dinero? Lamento informarle que en este blog usted entra en la categoría de INCULTOS FINANCIEROS. Seguramente le “ensartaron” la tarjeta cuando quiso comprar unos pantalones a 120 meses sin intereses y de ahí felizmente recorrió toda la tienda comprometiéndose a pagar un 104.98% de intereses por el resto de sus compras. Por lo que más quiera, busque un crédito más barato, transfiera su saldo, rompa este plástico en miles de pedacitos y nunca, nunca pero NUNCA vuelva a solicitar otro crédito sin antes pasar de visita a este blog.

Una tarjeta de crédito es un plástico que nos libra de cargar efectivo. No importa el colorcito o la marca, es dinero que tendremos que pagar de regreso con un interés. No debemos dejar que ningún mercadólogo nos meta en la cabeza que valemos más o menos por el color del plástico que usamos.

Las tarjetas de crédito no son malas, lo malo es no saber manejar el crédito.

Feliz fin de semana y por favor: mucho ojo con los intereses de sus tarjetas!!

Karla Bayly

*Los cálculos fueron realizados sobre la base de una deuda de $100,000. El CAT (Costo Anual Total) puede variar de acuerdo al monto adeudado y no refleja las compras realizadas a meses sin intereses. Si deseas consultar para otra tarjeta da click aquí

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¡Odio pagar intereses!

¡Odio pagar intereses!

 

Acabo de hacer un berrinche de esos que se generan cuando uno mismo es el culpable, o sea, me tuve que aguantar solita la bilis frente a la computadora porque nadie tenía la culpa de que se me hubiera pasado la fecha de pago de mi tarjeta. Así es queridos lectores, hasta al mejor cazador se le va la liebre 😦

Confiada estaba yo en que realizaría mi pago totalero como cada mes y, cuando entro a la página de mi banco, me doy cuenta de que mi fecha límite fue ayer. Pretextos hay miles, consecuencias solo una: tendría que pagar intereses por UN DIA de mora.

Tratando de calcular en cuanto saldría mi descuido, encontré que mi tarjeta tiene un CAT del 36.1% y que, para saldar una cuenta de $2,297 (combinación de supermercado, un libro y radiografías), el banco me solicita un pago mínimo de $69.

Así que veamos…haciendo algunos números “servilleteros” me doy cuenta de que, siguiendo la filosofía del pago mínimo, ni mi libro, ni las radiografías y mucho menos la leche que ya se tomaron mis hijos serían de mi propiedad, o en otras palabras, terminaría de pagarlos hasta dentro de:

 

¡ 100 MESES (8.3 años) con un sobreprecio de 69%!

 

Si hiciera el esfuerzo de pagar el doble ($138 pesos) cada mes, entonces mis pequeños tendrían permiso de digerir su leche en tan solo 23 meses y yo habría pagado un sobreprecio de 37% por un galón de leche que compré el mes pasado.

Creo que en ningún super ponen la leche de oferta al 40%  y mucho menos al 70% lo cual justificaría la decisión de pagarla a crédito… así que mejor liquidé mi deuda (con sobrecargo) y me olvidé de los pagos mínimos.

Tuve una alumna que orgullosa contaba lo hábil que era para “aprovechar” las ofertas de cierta tienda de ropa y después iba pagando los mínimos de su tarjeta para que su marido no se diera cuenta de que “pellizcaba” el gasto ¿durará la moda y conservará la talla durante los próximos ocho años?

Recuerda que la desinformación es enemiga de tus finanzas personales.

Karla Bayly

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