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¡No asesines a tu negocio!

¡No asesines a tu negocio!

En un país donde, según las estadísticas, solo el 10% de las nuevas empresas llegarán a celebrar su 5to. aniversario, quienes nos lanzamos al mar del emprededurismo solemos repetir los mismos errores financieros una y otra vez ¿Cuáles son éstos? Aqui te comparto los más frecuentes:

  1. No priorizar y optimizar los gastos. Al igual que con nuestras finanzas personales, al montar un nuevo negocio fallamos en dar prioridad a las salidas de dinero que generarán negocio, es decir, gastos que traerán dinero de regreso. Contrariamente nos da por gastar en lujos innecesarios o cosas irrelevantes lo que da al traste con la liquidez del negocio.
  2. Olvidar presupuestar y controlar los flujos de efectivo. ¿Cuánto hay que pagar y para cuándo? Son preguntas de “Sobrevivencia Empresarial 101” Un presupuesto es la mejor herramienta para prevenir futuros descalabros.
  3. No hacer uso de herramientas de análisis financiero. Un sencillo conjunto de razones financieras (liquidez, apalancamiento, rentabilidad, retorno sobre inversión, entre otras) pueden ser la mejor guía para montar, continuar o mejorar una estrategia financiera ¿los números no se te dan? Contratar a quien lo realice por ti (yo, por ejemplo, jejeje) es una inversión con prioridad número UNO si lo que deseas es que tu negocio apague la sexta velita del pastel y muchas más.
  4. Desconocer y o no utilizar el punto de equilibrio. ¿Cuánto tengo que vender para mantener a flote el negocio? Este poderoso número se convierte en el mejor incentivo de ventas que el empresario puede tener. Si no vendo “X” el negocio se muere.
  5. No evaluar la sensibilidad de las utilidades. Saber de que manera disminuyen o aumentan las utilidades de acuerdo al impacto en precio/volumen/promociones/reducción de costos nos ayuda a tomar decisiones directivas bien informadas. Lanzarte a poner ofertas u ofrecer descuentos solo porque la competencia lo hace sin conocer el impacto en las utilidades del negocio es una segura medida para poner a tu empresa en novenario.
  6. Desconocer el costo del capital. Si no sabes cuánto cuesta el dinero que inviertes en el negocio y si éste es capaz de pagártelo, entonces ¿cómo sabes que éste es un buen negoicio? Si un negocio no paga lo que el dinero invertido cuesta, más vale que tú mismo lo asesines y lo mandes a enterrar.
  7. No considerar diferentes alternativas de inversión. ¿Ampliar una línea de producción o comprar esa maquinaria sólo porque te late o porque los números te dicen que es una excelente inversión? Conocer acerca del valor del dinero en el tiempo, tasas de retorno y evaluación de proyectos pueden salvarte de invertir en proyectos sin la rentabilidad esperada.

Y, bueno, no todo se trata de números en esta vida. Los negocios no se manejan solos, las personas lo hacemos. Tener a un equipo directivo capaz y motivado es la receta número uno del doctor para casos de enfermedad empresarial. Dar a tu hijo/tío/primo “el pazgüato” la dirección de ventas cuando éste solamente esta interesado en ver como crece la chequera y no en salir a vender es, como dicen los canadienses: “recipe for disaster

Por último y respondiendo a la pregunta que Lunaria me hizo hace un par de semanas sobre asociarte con tus amigos para emprender: Creo que es excelente cuando ambos estan realmente casados con el proyecto y emprender y hacer crecer el negocio es prioridad en el plan de vida de todos. Si tu amigo(a) esta en el negocio “de mientras”, “porque le caes bien”, “porque esta tratando de saber qué hacer con su vida” o “porque le da pena decir que no”, no sólo pone en riesgo la empresa sino que será culpable de homicidio en primer grado de la amistad que les une. Al contrario, el compromiso y confianza que existen en una amistad previa pueden ser la mejor vitamina para esta aventura empresarial si se combinan con el conocimiento y capacidad para sacarle adelante.

¿Estás dispuesto(a) a darle primero auxilios a tu empresa?

Karla Bayly

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¿Me gustan las camionetas? ¡Puedes asegurarlo! ¿Quiero tener una camioneta? ¡Sí! ¿Dejaría de poner dinero en mi cuenta de retiro para pagar la mensualidad de una camioneta? ¡Jamás!

Acabo de enterarme vía Facebook que me convertí en la única mamá del grupo que maneja Rin 15”. Mi estimada Sofía nos anuncia con bombo y platillo que su esposo acaba de hacer su sueño realidad y que, a partir de ahora, en lugar de consumir sus habituales 40 litros de gasolina Magna, consumirá únicamente gasolina Premium para llenar tanques de 65 litros.

No puedo evitar recordar la grata sensación que experimenté en la prueba de manejo de la camioneta de mis sueños ¿prueba de manejo? Así es, lo hice, pero diré a mi favor que únicamente fui a la agencia para informarme sobre precios y planes de crédito para hacer números y terminar de convencerme de que por el momento debo seguir ahorrando para poder adquirirla. Hice la prueba porque el vendedor insistió demasiado y también, debo confesar, porque sucumbí a la curiosidad de probar si valdría la pena vivir en la zozobra del pago de mensualidades con tal de “pertenecer” al club de las felices poseedoras de una camioneta.

Para nadie es novedad que vivimos en una época consumista donde gran parte de nuestras carencias son imaginarias. Analizándolo fríamente, un auto es un medio de transporte, sin embargo hoy en día los autos han dejado de ser solamente autos para convertirse también en símbolos de estatus, credenciales para pertenecer a clubs elitistas y, en algunos casos, muletas para sostener la autoestima de quien los maneja.

Lejanos me parecen aquellos tiempos cuando nadie nos juzgaba por llegar a la escuela en “vocho”, donde mis hermanos y yo nos apiñonábamos en el asiento trasero y hasta hicimos audaces trayectos de más de 8 horas para llegar a Acapulco cuando la Autopista del Sol no era ni siquiera un proyecto. No recuerdo tampoco haberme sentido apenada por el hecho de llevar las “bicis” amarradas (con mecate, claro) para pasar todo un día de esparcimiento en Chapultepec. Entonces, ¿por qué a veces me siento “rara” cuando estoy en la fila de autos para recoger a mis hijos de la escuela? Y que conste que mi auto tiene aire acondicionado, reproductor de CD’s y que la única que sabe de sus más de 150,000 km soy yo y ahora tú que estas leyendo esto.

Cuando ese sentimiento me invade recurro a visualizar lo que realmente deseo. Si bien el cambio de auto me produciría cierta felicidad, seguramente ésta se agotaría antes de rodar los primeros 30,000 km (recuerdo que cuando compré mi auto actual también fui muy feliz) y eso sucederá antes de 2 años, cuando mi flamante camioneta ostente algunos rayones y banquetazos y las vestiduras delaten la existencia de un par de preescolares. Tiempo durante el cual viviría “atada” a una mensualidad, servicios más caros, gasolina más cara, seguro y tenencia más caros y, a decir verdad, esos son gastos que por el momento prefiero evitar.

Por ahora me encuentro enfocada en consolidar mi negocio, contribuir para pagar la hipoteca de nuestra casa, ahorrar poco a poco para renovar mi auto e invertir en un plan para el retiro que me da la tranquilidad de que, al llegar a los 65 años, voy a vivir muchos, muchos años sin depender económicamente de nadie. Honestamente no creo que exista una camioneta en el mercado que pueda compensarme eso ¿tú que crees?

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