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¿Dejas tu tranquilidad en manos del príncipe azul?

¿Dejas tu tranquilidad en manos del príncipe azul?

 

Erase una vez una linda princesa graduada con honores de la universidad. Sus padres no podían estar más que orgullosos y la princesa brillaba en sociedad. Jefes y colegas le auguraban una exitosa carrera profesional de la cual nuestra princesa obtenía un salario que le permitía cumplir tanto deseos como necesidades. Hasta que apareció su príncipe azul…

Una vez celebrada la boda real, la princesa puso sus finanzas en manos del príncipe ya que el futuro como reina consorte le reclamaba poner toda su atención en el cuidado de los herederos. Nada de andar de aquí para allá tratando de balancear nada.

La bonita carroza llenaba el tanque cómo y cuando el príncipe lo decidía y ni hablar de cambiar los herrajes de los caballos, eso era tarea del príncipe. Si la princesa deseaba adquirir un nuevo ajuar para el próximo baile dependía completamente del buen humor de su amado, independientemente de lo tesoros acumulados en el arca, sino por el afán de control de su ya no tan azul príncipe…

Y es que este apuesto príncipe comenzaba a perfilarse como el Rey de Chocolate. Las murallas de membrillo y las torres de turrón comenzaban a aprisionar a la princesa, pues el rey, a pesar de ser tan dulce tenía cada vez más amargo el corazón y la princesa no podía tomar ni una sola monedita de oro para llevar a los herederos a la peluquería sin desatar el fuerte llanto de su rey.

Rey de chocolate

Más tarde y,  gracias a las intrigas reales, la princesa descubrió que, el ya declarado rey de chocolate, pretendía anexarse nuevos reinos conquistando a otra princesa y, antes de ser aplastada por un merengue, decidió huir a toda prisa.

Ahora la princesa depende de que el rey de chocolate se desprenda de algunas monedas de oro para la manutención de los herederos. Su empolvado currículum no ha logrado colocarla en el puesto que dejó por seguir a su príncipe (“Marketing vía Twitter”, ¿en que cuento de hadas se habla de eso?) y ahora solo alcanza para medio llenar el tanque de la carroza convertida en calabaza.

La princesa dejó olvidada su Afore y, por supuesto, nunca contó con una cuenta personal de ahorro. Las doradas tarjetas de crédito que tanto placer le daba usar ahora sucumben al poder de la firma de otra princesa. Los concejales del reino le aseguran que no se recaudan impuestos suficientes para pagarle por el trabajo de princesa consorte que desempeñó por tantos años.

¿Debe la princesa sentarse a llorar esperando la llegada de un nuevo caballero andante que venga a su rescate?

Karla Bayly

*Este post nació de una combinación entre El camino Amarillo  y algunas otras historias de la vida real…

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El post más reciente de la Pequeña Capitalista esta dedicado a aquellas personas que dejan comentarios desagradables acerca del propósito de su blog, quejándose de lo malo que es intentar convencer a los lectores de ser capitalistas. En lo personal, interpreto estas actitudes como síntomas de una mala relación con el dinero.

Hablar, leer o escribir acerca del dinero no tiene porque ser doloroso, causarnos pena o enojo. Es, sencillamente, el primer paso para establecer una sana relación con éste y de ahí partir a convertirle en una herramienta útil para alcanzar las metas que deseamos y que nos darán verdadera satisfacción.

    El dinero no proporciona la felicidad, pero la pobreza tampoco

En nuestra cultura existe un tabú inmenso para hablar de temas relacionados con el dinero. Si no podemos abordar el tema como cualquier otro tema de conversación ¿cómo podemos pedir un aumento de sueldo?, ¿negociar el precio de nuestros servicios checa este post de Blog y Lana?, ¿cobrar el dinero que prestamos hace un año? o ¿negarnos a pagar por un servicio que no cumple nuestras expectativas?

Si quieres probar esta teoría acerca de la dificultad para abordar el tema, te invito a hacer la prueba preguntándole a algún conocido o familiar no directo:

    ¿Cuánto dinero ganas?
    ¿Cuánto dinero pagas de renta/hipoteca?
    ¿Cuánto dinero debes?

Si te atreviste a entablar la conversación y lograste llegar a la tercera pregunta antes de que te propinaran un golpe o te cambiaran el tema de conversación (en el mejor de los casos) obteniendo información fidedigna y sin dañar la relación ¡Felicidades! Creo que te debo un café. De lo contrario sigue leyendo.

Para revisar qué tipo de relación estableces tú con el dinero, realiza una segunda prueba que consiste en escribir en la parte superior de una hoja de papel la palabra DINERO y registrar, en seguida y sin pensar, los atributos que te vengan a la mente… ¿Lo hiciste? ¿Qué tipo de atributos escribiste? ¿Fueron positivos, negativos, mitad y mitad?

Si yo pienso en dinero y lo primero que viene a mi mente es: sucio, feo, problema, enojo, angustia, etc. ¿Qué tipo de relación puedo establecer? ¿Crees que tenga mucho éxito cuando necesite cobrar una factura? Definitivamente no. Entonces es necesario trabajar para cambiar esas creencias y poder establecer una relación sana que se caracterice, entre otras por:

  • Poder hablar abierta y honestamente del tema
  • Confiar en que será de ayuda para lograr metas y objetivos
  • Poder prescindir de él, sin necesidad de colocarlo en el centro de mi vida
  • No hacer cosas que me incomoden o desagraden para obtenerlo
  • Utilizarlo de forma responsable
  • No hay necesidad de sentir vergüenza por tenerlo o no tenerlo
  • ¿Qué tipo de relación estableces tú con el dinero? ¿Crees que puedas lograr más fácilmente tus objetivos si mejoras tu relación con el dinero?

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    Ante la división de bandos entre catastrofistas y pseudoptimistas, quienes no pertenecemos a exclusivas listas de multimillonarios ni contamos con pase “todo incluido” al mundo de la fantasía de ciertos funcionarios gubernamentales, podemos dejarnos abatir por la ambigüedad de la información o la falta de ésta sucumbiendo ante el miedo en las decisiones con respecto a nuestras finanzas personales.

     

    El miedo afecta nuestro estado de ánimo y puede llevarnos a generar estados de angustia y ansiedad, trasladando así estas sensaciones a una inadecuada toma de decisiones y dando cauce a acciones que no llevaríamos a cabo en un escenario normal.

     

    Quizá la primera y más frecuente reacción sea la que los especialistas de la neuroeconomía llaman el “síndrome de manada”, esto es, seguir a los demás sin escuchar lo que la propia lógica o nuestra experiencia nos dicta. ¿Sacaste tus ahorros del banco para guardarlos debajo del colchón? ¿Cancelaste tu seguro de gastos médicos o la póliza de seguro del coche porque consideras que es un gasto aplazable? Ante la posibilidad de que la empresa para la que trabajas comience a reducir su personal ¿has bajado tu productividad, pasas el tiempo en Internet, o sencillamente ya no realizas tus labores con energía y entusiasmo?

     

    Tal vez te has convencido de que es mejor gastar y derrochar ahora (al fin que después “ni quien te quite lo bailado”) pues quien sabe lo que pasará mañana. Si prefieres hacer caso omiso de quienes recomiendan el uso prudente de las tarjetas de crédito, o en el peor de los escenarios, has dejado de cumplir con tus compromisos de pago en espera de que mejore la situación.

     

    Ahora bien, los científicos han demostrado que la tensión causada por el miedo nos ayuda a sobrevivir. Un miedo bien manejado sirve para defendernos de la angustia y nos hace superar los peligros reales. Por ello, los seres humanos tenemos la capacidad entre elegir un estado de parálisis y/o reacciones inadecuadas o decidir potenciar nuestras capacidades utilizando el miedo como medio para convertir esta crisis en un momento de aprendizaje.

     

    La experiencia del mundo corporativo nos demuestra que las empresas que sobreviven a las crisis son aquellas que, entre otras cosas,  deciden adaptarse al cambio, eliminan lo superfluo y prefieren realizar inversiones pensando en los beneficios de largo plazo. También dedican tiempo a delinear su estrategia y la comunican a todos los niveles de la organización.

     

    Tomando en cuenta lo anterior, te invito a aplicarlo a nivel personal, haciendo que el estado de alerta y tensión te lleve a adaptarte a nuevas circunstancias, tal vez buscando la forma de obtener ingresos adicionales o generando valor agregado, como reza el título de esta sección, para tu empresa. Considera invertir en tu educación pensando en mejores ingresos a largo plazo. Elimina los gastos superfluos y establece un plan de ahorro a largo plazo. Finalmente no dejes de platicar todo esto con tu familia pues es necesario hacer equipo para salir fortalecidos de la crisis por la que atravesamos.

     

    Dejo para ti las palabras de Nelson Mandela “No es valiente aquel que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”

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