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¿Me gustan las camionetas? ¡Puedes asegurarlo! ¿Quiero tener una camioneta? ¡Sí! ¿Dejaría de poner dinero en mi cuenta de retiro para pagar la mensualidad de una camioneta? ¡Jamás!

Acabo de enterarme vía Facebook que me convertí en la única mamá del grupo que maneja Rin 15”. Mi estimada Sofía nos anuncia con bombo y platillo que su esposo acaba de hacer su sueño realidad y que, a partir de ahora, en lugar de consumir sus habituales 40 litros de gasolina Magna, consumirá únicamente gasolina Premium para llenar tanques de 65 litros.

No puedo evitar recordar la grata sensación que experimenté en la prueba de manejo de la camioneta de mis sueños ¿prueba de manejo? Así es, lo hice, pero diré a mi favor que únicamente fui a la agencia para informarme sobre precios y planes de crédito para hacer números y terminar de convencerme de que por el momento debo seguir ahorrando para poder adquirirla. Hice la prueba porque el vendedor insistió demasiado y también, debo confesar, porque sucumbí a la curiosidad de probar si valdría la pena vivir en la zozobra del pago de mensualidades con tal de “pertenecer” al club de las felices poseedoras de una camioneta.

Para nadie es novedad que vivimos en una época consumista donde gran parte de nuestras carencias son imaginarias. Analizándolo fríamente, un auto es un medio de transporte, sin embargo hoy en día los autos han dejado de ser solamente autos para convertirse también en símbolos de estatus, credenciales para pertenecer a clubs elitistas y, en algunos casos, muletas para sostener la autoestima de quien los maneja.

Lejanos me parecen aquellos tiempos cuando nadie nos juzgaba por llegar a la escuela en “vocho”, donde mis hermanos y yo nos apiñonábamos en el asiento trasero y hasta hicimos audaces trayectos de más de 8 horas para llegar a Acapulco cuando la Autopista del Sol no era ni siquiera un proyecto. No recuerdo tampoco haberme sentido apenada por el hecho de llevar las “bicis” amarradas (con mecate, claro) para pasar todo un día de esparcimiento en Chapultepec. Entonces, ¿por qué a veces me siento “rara” cuando estoy en la fila de autos para recoger a mis hijos de la escuela? Y que conste que mi auto tiene aire acondicionado, reproductor de CD’s y que la única que sabe de sus más de 150,000 km soy yo y ahora tú que estas leyendo esto.

Cuando ese sentimiento me invade recurro a visualizar lo que realmente deseo. Si bien el cambio de auto me produciría cierta felicidad, seguramente ésta se agotaría antes de rodar los primeros 30,000 km (recuerdo que cuando compré mi auto actual también fui muy feliz) y eso sucederá antes de 2 años, cuando mi flamante camioneta ostente algunos rayones y banquetazos y las vestiduras delaten la existencia de un par de preescolares. Tiempo durante el cual viviría “atada” a una mensualidad, servicios más caros, gasolina más cara, seguro y tenencia más caros y, a decir verdad, esos son gastos que por el momento prefiero evitar.

Por ahora me encuentro enfocada en consolidar mi negocio, contribuir para pagar la hipoteca de nuestra casa, ahorrar poco a poco para renovar mi auto e invertir en un plan para el retiro que me da la tranquilidad de que, al llegar a los 65 años, voy a vivir muchos, muchos años sin depender económicamente de nadie. Honestamente no creo que exista una camioneta en el mercado que pueda compensarme eso ¿tú que crees?

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