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Contratos prenupciales ¿maldición o prevención?

Contratos prenupciales ¿maldición o prevención?

 

Tomando café con una amiga y platicando sobre mi experiencia como conferencista en la Expo Boda, entramos en la discusión de un tema existencial: No existen en el país opciones para las novias de segunda vuelta.

En un país que experimenta un aumento avasallador en la cifra de divorcios, parecería que el tema de un segundo (tercer o cuarto) matrimonio no es del interés de diseñadores de vestidos de novia, coordinadores de protocolo, peinadores, maquillistas, revistas de novias ni de coaches financieros… hasta ahora.

Después del divorcio y tras el necesario tiempo para superar el trance, mi amiga vive ahora una idílica relación de pareja que está a punto de llevarla al registro civil de nueva cuenta y tiene dos cosas muy claras:

  1. No se enfundará en metros y más metros de tul
  2. Firmará un contrato prenupcial

Obviando la razón por la cual el tul no es opción, concentrémonos en los contratos prenupciales, y es que este tipo de contratos no son solamente para famosos como Araceli Arámbula o Jennifer Aniston. Cualquier hijo de vecino (tú o yo) podemos proteger nuestro bienestar financiero (y el de nuestros hijos) firmando lo que en el Código Civil de nuestro país (y algunos otros en América Latina) se conoce como Capitulación Matrimonial.

El objetivo de una la Capitulación Matrimonial es establecer el régimen patrimonial del matrimonio (ojo! no es necesario esperar a la segunda vuelta, también se puede establecer para matrimonios ya realizados, con pachanga y toda la cosa). Básicamente, el objetivo de firmar con tu pareja una capitulación es establecer qué es de quién y cómo se repartirá lo que se produzca (patrimonialmente hablando) durante la vigencia del matrimonio.

¿Le caerá el “mal de ojo” a tu relación si firmas un contrato prenupcial? Honestamente no lo sé. Pero para mi amiga es un must ¿la razón? Tiene cuatro hijos de su primer matrimonio, cuyo patrimonio desea protejer en caso de vivir el remake de su divorcio. ¿Esta entrando a este nuevo matrimonio predispuesta a fracasar? No, simplemente lleva cinco años dedicándose a los seguros de vida y sabe que la protección y la tranquilidad son muy importantes.

¿Dónde se consigue? Este tipo de contratos se establece ante un notario (si piensas que es muy caro solicita informes sobre el costo de un divorcio donde sea difícil establecer acuerdos, seguramente el costo-beneficio será para el contrato prenupcial) Y, si quieres ahorrar, te sugiero una previa, larga y completa plática a solas con tu pareja que incluya:

  • propiedades detalladas con las que contarán al establecer la unión
  • ahorros
  • deudas
  • proporción en que repartirán los bienes que adquieran
  • quién administrará dichos bienes
  • etc.

A fin de lograr acuerdos con tu futura tal-por-cual y no ante el notario, pues éste sí te va a cobrar honorarios por escuchar toda la discusión.

Probablemente decidas que la captilulación matrimonial no es lo tuyo. Sin embargo te sugiero ampliamente tener esta plática con tu pareja la cual puede ayudarles a validar puntos de vista, a conocerce mejor y quizá evitar una desilusión. Comenzar una nueva relación con tabús acerca de hablar de dinero es condición para el “mal de ojo” en un matrimonio.

Recuerda que la desinformación es enemiga de tus finanzas personales

Karla Bayly

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Frecuentemente escucho y leo a personas preguntándose si deben pagar tal o cual cosa, si las comisiones que cobran los bancos por el manejo de cuentas o las tarjetas de crédito pueden evitarse, también preguntarse sobre la conveniencia de las compras al mayoreo o asistir o no a una venta nocturna, entre otros.

Ahora bien, lo que casi nunca escucho ni leo es a las personas decir: después de analizarlo, a mí sí me conviene “X” y es que, al parecer, no estamos acostumbrados a realizar lo que hacen rutinariamente los empresarios exitosos: el análisis costo-beneficio.

Analizar el costo-beneficio de nuestras decisiones nos ayuda a otorgarles una medida de rentabilidad eligiendo entre varias alternativas aquella que más nos beneficie (por ejemplo: pagar las comisiones de la banca electrónica o perder medio día cada semana acudiendo al banco a realizar pagos).

Para realizar esta dinámica y decidir qué es lo que nos conviene podemos comenzar listando las diferentes opciones que tenemos para satisfacer una necesidad. ¿Llenar la despensa con presentaciones jumbo a un precio más económico por unidad pero realizando un alto pago inicial o ir n veces al supermercado por presentaciones más pequeñas, pagando menos cada vez pero utilizando mi tiempo y la gasolina del auto? Una vez que listamos todas las alternativas le asignamos un valor económico a cada una de ellas.

Ya que hemos asignado costos evaluamos el beneficio que nos presenta cada alternativa. Para  muchas de estas decisiones de índole personal, el beneficio estará representado como: tiempo y/o gusto, algo así como: pago $XXX de banca electrónica al año pero me ahorro 12 días que puedo dedicar al ocio o trabajo y eso vale más para mi, por ejemplo.

¿Valen todas las alternativas lo mismo para todos? ¡Definitivamente no! Te cuento el caso de mi suegro adorado, quien ya me dio permiso de  “ventanearlo” aquí:

Recientemente recibió Euros y, después de una sesión de investigación, encontró que el mejor tipo de cambio era ofrecido en el aeropuerto, así que subió a su auto, manejó dos horas (ida y vuelta), pagó el boleto del estacionamiento (nada barato por cierto), se expuso a las bandas de delincuentes que operan en el aeropuerto  y cambio sus flamantes Euros por moneda nacional. ¿La ganancia? Según yo tablas, si no es que perdiendo, contra haber acudido al banco que opera a una cuadra de su casa. Para mi suegro, que ya está retirado, la ida al aeropuerto  fue quizá el paseo de la semana, una oportunidad de cambiar la rutina. Para él, lo gastado fue una inversión en entretenimiento, creo yo.

Conclusión: lo que para mí puede ser inteligentísimo quizá no lo sea tanto para alguien más y esa es la maravilla de ser seres humanos únicos e irrepetibles ¿no lo crees?

Así que, cada vez que nos asalta la duda o el remordimiento por tener que pagar por algo, podemos realizar este sencillísimo análisis y, de esta manera, estar seguros de haber tomado la mejor decisión. Y ojo, no se trata de casarnos con la primera opción, recordemos que el comprador inteligente compara opciones antes de decidir. Si el banco me cobra X comisión, antes de firmar el contrato compararemos diferentes alternativas, si voy a ir a una venta nocturna busco primero lo que quiero comprar en otros lugares y después decido si ir a esa venta es una buena idea, etc.

Dicen que no hay nada gratis en esta vida, pero la satisfacción de tomar buenas decisiones sí lo es, la sonrisa de tu hijo con quien pasaste el tiempo tranquilamente sí lo es y (cursi, pero cierto) todos los atardeceres y cada día que la vida nos regala ¡son gratuitos!

Karla Bayly

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Hablar de pesos, pesitos y pesotes es para la mayoría de los latinos un mega tabú. Con nuestra familia, amigos y pareja podemos hablar de todo (y miren que cuando digo de todo, es porque he escuchado cada cosa…) pero de dinero nomás no, apenas sale el tema y ya nos sentimos incómodos.

Dinero como medio de control

Dinero como medio de control

Una de las explicaciones que dan los psicólogos y sociólogos especialistas en el tema es la siguiente:

El dinero tiene connotaciones de poder

Tal vez parezca muy obvio decirlo así con una frase, pero cuando lo aplicamos a nuestras relaciones “pega” más fuerte ¿por qué? Porque estamos acostumbrados a que quien maneja el dinero toma las decisiones. ¿Cuántas parejas conoces en que la señora no toma la decisión sobre si tapizar o no la sala porque le tiene que preguntar a su señor? Y ojo, no estamos hablando de preguntarle si hay o no hay dinero (que en teoría tampoco debería de ser porque en una relación de pareja ambos conocen exactamente cuánto hay en las arcas y cuáles son las prioridades) sino para pedirle permiso de mejorar unos sillones en los que ambos se van a  sentar.

Y si llevamos el tema a la empresa familiar, les puedo ennumerar casos y casos en que es el abuelito quien dice cuándo y a dónde son las vacaciones familiares que incluyen a nueras, yernos y nietos ¿por qué? Porque el dinero sale de su bolsa ¿Y si a los nietos ya les aburren las aguas termales? ¡Ni hablar! El que paga manda y los demás se aguantan.

¿Qué pasa cuando la señora manda a tapizar los sillones sin preguntar o el nieto se rebela y no va a la vacación? No importa que tan bonita se vea la sala o que tan bien se la pasó el puberto en cualquier otro lado, viene la ganancia secundaria: La culpa. Y es que, ay, la culpa es tan difícil de evitar… y tan fácil de gozar.

Entonces convertimos el dinero en un arma que da poder al que lo controla y convierte en víctima digna de culpa y resentimiento a quien no lo controla, basando nuestras relaciones de familia o de pareja en contratos (tú das y yo gasto). Sucede en cosas tan simples como en el sillón renovado o en el papá que paga la boda pero solo si se maneja su lista de invitados el licor que prefiere y la música de su época, cuando en realidad el ofrecimiento de ayudar para la boda era ese, ayudar y no imponer.

¿Están todas la relaciones basadas en contratos de poder/dinero? Afortunadamente no. Así como hay papás que dan el dinero, y digo dar en lo que dar significa (donar, desprenderse) también hay parejas que entienden que el dinero es un instrumento que facilita cosas y el poder no está en quién gane más, quien lo administre o quien tome las decisiones grandes, y perdón, pero aquí me tengo que detener, porque cuando las mujeres decimos que nosotras sí controlamos el dinero a veces nos referimos en que controlamos cuánto le ponemos de gasolina al coche y si nos hacemos tinte y corte o solo el corte, pero el “mareado” es el que dice cuánto se gasta en las vacaciones y con quien se contratan los seguros de vida ¿decisiones diarias o decisiones relevantes?

Podríamos resumir diciendo que la democracía (que significa el poder del pueblo) empieza en la propia casa, donde ambas partes pueden tomar el control del dinero y no importa si es sólo uno quien lo genera o alguien gana más que el otro, es una relación en donde se logran consensos y acuerdos en base a prioridades establecidas de común acuerdo.

Y al final de día ¿a mi de qué me sirve saber si me controlan, controlo o estoy libre del control? Ahhhh! Porque igual que cuando nos ponemos a dieta y nos pellizcan por todo el cuerpo con el “gordómetro” para conocer nuestra cruda realidad, es preciso que cada uno de nosotros, interesados en tener una sana relación con el dinero (que de eso se trata el blog si es que te saltaste el encabezado) nos autoexaminemos y podamos responder:

¿Sufro o ejerzo controlitis mediante el dinero?

Karla Bayly

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¿Has dejado de ahorrar por falta de tiempo? Desafortunadamente yo sí, y  mi esposo, así como muchos de nuestros amigos, también.

¿Sufres de anorexia financiera?

¿Sufres de anorexia financiera?

Este viernes, durante una aqua-fiesta infantil (muy buena, por cierto) recibí una llamada al celular con la típica promoción de Telcel. Mi primer impulso fué decir “no, gracias” y colgar, pero una frase me capturó “cambio de equipo y doble de minutos gratis” , así que dejé a la promotora terminar su discurso de venta y ayer acudí a un centro de atención a clientes en donde me tomó 20 minutos cambiar a un plan tarifario más acorde con mi patrón de uso.

Hoy he pasado gran parte del día configurando mi maravilloso, gratuito y nuevo mejor amigo: un telefonito touchscreen ¿quién dijo que la frugalidad está peleada con la tecnología? 🙂

¿Y dónde estuvo el ahorro? Ah! pues yo, muy cuidadosa con el dinero, había contratado hace tiempo un plan básico sin tomar en cuenta mi patrón de uso, por lo que jamás pagué la tarifa de mi plan sino una cantidad considerablemente mayor. El nuevo plan con uso de números frecuentes, que incluye llamadas de larga distancia, me permitirá ahorrar el equivalente a un boleto de avión viaje redondo a Cancún para el próximo verano ($3,012).

Lo de las calorías viene a colación porque, más de una vez, he pasado horas escuchando a personas hablar de maravillosas dietas, alimentos macrobióticos, contenido calórico, carbohidratos, proteínas, contenido graso, combinaciones, etc. Desde mi punto de vista, entender y manejar toda esta información requiere de un elevado nivel de especialización.

Este compendio de sabiduría suele estar también acompañado de amplísima información sobre la vida de los famosos, acontecimientos sociales y políticos así como disertaciones filosóficas sobre la personalidad del Dr. House. Y, por favor, no asuman que se trata de pláticas exclusivamente femeninas porque más de un caballero me ha sorprendido con su nivel de sabiduría en estos temas.

El problema surge cuando, durante alguna de estas maratónicas sesiones, sale a relucir el tema de las finanzas personales, el comentario frecuente es: “no tengo tiempo para leer/ir a una clase/hacer un presupuesto/controlar mis gastos, etc.”

Así es, podemos dedicar gran parte de nuestra vida a adquirir información sobre muchos otros temas, pero no nos damos el tiempo de verificar qué tanto dinero estamos sobre-pagando por los servicios que utilizamos, por ejemplo.

Desde hace un buen rato sabía que tendría que cambiar mi celular de plan tarifario, pero no había tenido tiempo de hacerlo, mientras que a mi esposo le tomó semanas encontrar tiempo para llamar a Sky y pedir la eliminación de canales que jamás vemos y cuyo ahorro anual ($4,200) equivale al segundo boleto de avión a Cancún + algunas comidas 🙂

Dar a nuestras finanzas personales al menos la misma importancia y tiempo que dedicamos a los temas de moda tendrá un impacto positivo en nuestra cartera.

Igual que perder algunos kilos, reducir nuestras deudas y lograr ahorros nos puede tomar tiempo y sacrificios pero  yo creo que vale la pena.

¿Sufre tu cartera de bulimia monetaria o  anorexia presupuestal?

Karla Bayly

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¿Qué le deparan los astros a tus finanzas personales?

¿Qué le deparan los astros a tus finanzas personales?

Tratando de actualizar el “feisbuk” me topé con un anuncio muy simpático que dice lo siguiente:

Astrólogo profesional: Consulta sobre tu momento, tu pareja, tu trabajo,tus hijos a donde vas, de donde vienes. Mas efectivo que un psicólogo. Conócenos.

Y no puedo evitar pensar en lo mucho que algunas personas dependen de terceros para tomar decisiones súper importantes para sus vidas incluyendo las financieras cuando dejamos que otros decidan por nosotros. Perdonen ustedes que no les ponga el link para hacer una consulta, pero las estrellas me estan dictando que ni hoy (ni nunca) es un buen día para poner nuestro trabajo, nuestras relaciones o nuestro dinero en manos de alguien o “algo” más.

No niego que tengo el hábito de ir a la última página de las revistas o revisar la sección de ocio de algún periódico para revisar lo que el destino le depara a “Escorpión” ese día, semana o mes y aunque el sabor de las galletitas de la suerte no me encanta, nunca dejo pasar la oportunidad de romper la que me toca para leer mi suerte. Pero a diferencia de Bill Clinton, a quien los astros le fallaron cuando le aseguraron que Mónica era muy discreta, prefiero ser responsable de mis decisiones.

Hacernos responsables de nuestras decisiones financieras es el pilar para construir una sana relación con el dinero. Ir llorando por las esquinas quejándonos de lo tranza que es el banco (que por cierto no nos puso ninguna pistola en la espalda antes de correr entusiastas a una y otra venta nocturna), de lo malo que es mi cuate que no me presta dinero y de lo bien que nos va a ir cuando Juanito sea presidente (y eso si no le hacen un compló), significa que damos a otros poder sobre nuestras finanzas.

Tomar responsabilidad de nuestra cartera, compras, gastos ahorros e inversiones nos hará financieramente maduros y dejaremos a un lado la infancia de nuestra economía.

Y tú ¿qué signo eres?

Karla Bayly

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Si eres parte del enorme sector de la población que durante el último año ha visto disminuidos sus ingresos y no pierde oportunidad para lamentarse sobre la mala situación económica que atravieza la familia, tal vez te ayude el comparar tus pérdidas en términos relativos.

Imagina que eres miembro de la familia propietaria de la segunda cadena de autoservicios más importante de México y, mientras vacacionas en alguna isla paradisiaca, o estás a la mitad de un reñido campeonato de golf o quizá de compras en la 5ta. Avenida en Nueva York, recibes la llamada de alguno de tus futuros ex-amigos para preguntarte si estás al tanto de que tu fortuna acaba de perder el 90% de su valor ¡¡UPSSS!!

Si el glamour es lo tuyo, entonces visualiza a tu operada, frágil y blanqueda persona ante un tropel de abogados, quienes te informan que, gracias a tus malas inversiones e incontrolable nivel de “compritis”, tienes que dejar tu parque de diversiones privado (el cual será rematado para tratar de disminuir tus deudas) y tienes que mudarte a una “modesta” mansión alquilada.

Según el informe anual sobre riqueza en el mundo (2009 world wealth report) elaborado por Merrill Lynch y Capgemini, los adinerados del mundo vieron disminuida su riqueza duranre 2008, en promedio, en 19.5%, mientras que los más afectados fueron los millonario rusos, quienes perdieron hasta el 70% de sus fortunas.

Mi punto es: no importa tu nivel de ingresos, ni lo que para tí se considere riqueza, el dinero no es eterno. Ante una mala estrategia financiera, el despilfarro de tus ingresos y el poco cuidado para administrar el fruto de tu trabajo, no hay dólares, euros o pesitos que rindan.

Creo que no existe un nivel de “riqueza” que nos garantice la protección absoluta. He escuchado a más de una persona suspirar acerca de lo feliz que sería “si fuera rico” como si el dinero fuese lo único que pudiera garantizarnos la felicidad y no la salud o el amor de nuestra familia.

Enfocarnos en lo mal que la pasamos cuando falta el dinero nos hace ver solo un árbol y no todo el bosque. El dinero juega un papel fundamental para asegurarnos tranquilidad financiera, pues compra casa y comida, pero es un error colocarlo en el centro de nuestra vida.

Una sana relación con “don dinero” nos permite ser responsables de administrar nuestra riqueza, no importa que esta riqueza se componga de $1,000 ó $1,000,000. ¿Ganar 10 veces más tu ingreso actual te protegerá del sufrimiento? Según lo que demuestra la experiencia de los muchos “nuevos pobres” del mundo, los ricos también lloran.

¿Qué podemos hacer al respecto? Dejar de enfocarnos en las pérdidas y en lo que NO QUEREMOS para cambiar nuestra atención hacia lo que SI DESEAMOS nos abrirá para apreciar lo que tenemos y encontrar opciones para protegerlo. En coaching ésto se conoce como realizar un cambio de perspectiva y cuando lo intentamos encontramos resultados realmente asombrosos. ¿Estás listo(a) para dejar de llorar?

Karla Bayly

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Confieso que hoy experimenté cierta tristeza pues tuve que ejecutar una decisión que vaya que costó trabajo, cancelar la incripción de la escuela de mis sueños 😦

Te cuento que, desde hace un año, mi esposo y yo habiamos planeado inscribir a la prole, para el próximo ciclo escolar, a cierta institución educativa cuyo modelo de enseñanza es más que excelente (o al menos así lo consideramos) La admisión suele ser selectiva y, por supuesto, las colegiaturas no se distinguen por ser accesibles.

El viacrucis comenzó meses atrás cuando solamente aceptaron a uno de los dos y la opción era buscar otra escuela para el “rechazado” (creo que ni cuando a uno lo rechazan de Harvard se debe sentir tan feo) e inscribir a la aceptada esperando tener la opción de un lugar para el próximo año.

Sin pensarlo mucho tomamos dicha opción y comenzó la búsqueda por la escuela que faltaba… mientras tanto, algo me decía que el esquema de dos diferentes escuelas nos iba a hacer la vida miserable y no sería correcto pagar una super escuela para uno y otra 2/3 para otro, además de que en épocas de poca liquidez, cuando estamos despegando el changarro, no sería muy inteligente incrementar el rubro de escuelas sacrificando prioridades familiares. Finalmente, el preescolar actual (y que habíamos elegido “en vía de mientras”) día a día resultó ser una excelente elección y nos tiene más que contentos.

Creo que, en mi caso, este es un ejemplo de compra impulsiva. Me dejé llevar por una necesidad “creada”, basada en carencias sobre el tipo de escuela al que a mí me hubiera gustado asistir y sin razonar en lo que era verdaderamente importante como familia (tranquilidad financiera), como pareja (nula presión financiera adicional) y como niño (un lugar donde aprender pero también divertirse) y eso es lo que me provocaba conflicto.

Invertí tiempo comparando opciones (fue algo así como hacer shopping escolar) y descubrí que lo que valoramos de una escuela (el producto) no es exclusivo de aquellas que piden aportaciones familiares ni colegiaturas elevadas (la marca). También aprendí a pensar no solo en función de lo que creía importante de una escuela sino también en lo que deseo para mis hijos (descubrir la verdadera necesidad) y logramos un grato “regreso a lo básico” donde la escuela es un lugar para aprender pero también una extensión de nuestra casa.

¿Dolió decir adiós a la ilusión de una educación como la que hubiera querido para mí? Si, y también costo trabajo. Sin embargo fue extremadamente liberador y el sentimiento se transforma en felicidad cuando sumo el diferencial de colegiaturas y pienso en que podemos dedicar ese dinero a otros sueños como familia.

Esto que para mi es importante puede ser irrelevante para ti. Pero ya sea que estemos pensando en adquirir educación, una casa, un seguro de vida, un auto o cualquier otro sueño, sucede que, a veces nos “aferramos” a carencias imaginarias y enfocándonos en un solo árbol perdemos de vista el bosque completo.

Soltar, desprenderse, dejar ir, puede ser difícil pero también nos ayuda a enfocar nuestra atención en lo que es verdaderamente importante. Las mejores metas son aquellas que construimos basadas en nuestros valores y eso nos proporciona la verdadera motivación para luchar por conquistarlas. Creo que hoy crecí un poquito más como persona 🙂

Karla Bayly

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