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Posts Tagged ‘Actitud’

Frecuentemente escucho y leo a personas preguntándose si deben pagar tal o cual cosa, si las comisiones que cobran los bancos por el manejo de cuentas o las tarjetas de crédito pueden evitarse, también preguntarse sobre la conveniencia de las compras al mayoreo o asistir o no a una venta nocturna, entre otros.

Ahora bien, lo que casi nunca escucho ni leo es a las personas decir: después de analizarlo, a mí sí me conviene “X” y es que, al parecer, no estamos acostumbrados a realizar lo que hacen rutinariamente los empresarios exitosos: el análisis costo-beneficio.

Analizar el costo-beneficio de nuestras decisiones nos ayuda a otorgarles una medida de rentabilidad eligiendo entre varias alternativas aquella que más nos beneficie (por ejemplo: pagar las comisiones de la banca electrónica o perder medio día cada semana acudiendo al banco a realizar pagos).

Para realizar esta dinámica y decidir qué es lo que nos conviene podemos comenzar listando las diferentes opciones que tenemos para satisfacer una necesidad. ¿Llenar la despensa con presentaciones jumbo a un precio más económico por unidad pero realizando un alto pago inicial o ir n veces al supermercado por presentaciones más pequeñas, pagando menos cada vez pero utilizando mi tiempo y la gasolina del auto? Una vez que listamos todas las alternativas le asignamos un valor económico a cada una de ellas.

Ya que hemos asignado costos evaluamos el beneficio que nos presenta cada alternativa. Para  muchas de estas decisiones de índole personal, el beneficio estará representado como: tiempo y/o gusto, algo así como: pago $XXX de banca electrónica al año pero me ahorro 12 días que puedo dedicar al ocio o trabajo y eso vale más para mi, por ejemplo.

¿Valen todas las alternativas lo mismo para todos? ¡Definitivamente no! Te cuento el caso de mi suegro adorado, quien ya me dio permiso de  “ventanearlo” aquí:

Recientemente recibió Euros y, después de una sesión de investigación, encontró que el mejor tipo de cambio era ofrecido en el aeropuerto, así que subió a su auto, manejó dos horas (ida y vuelta), pagó el boleto del estacionamiento (nada barato por cierto), se expuso a las bandas de delincuentes que operan en el aeropuerto  y cambio sus flamantes Euros por moneda nacional. ¿La ganancia? Según yo tablas, si no es que perdiendo, contra haber acudido al banco que opera a una cuadra de su casa. Para mi suegro, que ya está retirado, la ida al aeropuerto  fue quizá el paseo de la semana, una oportunidad de cambiar la rutina. Para él, lo gastado fue una inversión en entretenimiento, creo yo.

Conclusión: lo que para mí puede ser inteligentísimo quizá no lo sea tanto para alguien más y esa es la maravilla de ser seres humanos únicos e irrepetibles ¿no lo crees?

Así que, cada vez que nos asalta la duda o el remordimiento por tener que pagar por algo, podemos realizar este sencillísimo análisis y, de esta manera, estar seguros de haber tomado la mejor decisión. Y ojo, no se trata de casarnos con la primera opción, recordemos que el comprador inteligente compara opciones antes de decidir. Si el banco me cobra X comisión, antes de firmar el contrato compararemos diferentes alternativas, si voy a ir a una venta nocturna busco primero lo que quiero comprar en otros lugares y después decido si ir a esa venta es una buena idea, etc.

Dicen que no hay nada gratis en esta vida, pero la satisfacción de tomar buenas decisiones sí lo es, la sonrisa de tu hijo con quien pasaste el tiempo tranquilamente sí lo es y (cursi, pero cierto) todos los atardeceres y cada día que la vida nos regala ¡son gratuitos!

Karla Bayly

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Bonvivant
  • Pronunciación:  [ˌbom.bi.ˈβan] (AFI)
  • Etimología: Del francés bon, “buen” y “vivant“, “vividor“.

En tiempos de ahorro y austeridad tengo excelentes noticias para ustedes, amantes de la buena vida. La buena mesa y la buena bebida no están peleadas con la economía, todo es cuestión de inteligencia.

Mi esposo y yo nos declaramos amantes del vino y la buena mesa. Nada es más agradable que una reunión entre amigos donde hemos cocinado algo no necesariamente caro, pero sí fuera de lo cotidiano, todo ello acompañado de un buen vino. Durante estos años hemos coleccionado algunos trucos que nos permiten mantener la afición sin dar al traste con nuestra economía. He aquí algunos consejos para convertirse en el Bon Vivant Frugal:

El amante del buen vino sabe que el precio no necesariamente está ligado a lo bueno del caldo (forma de denominar al vino). Frecuentemente estás pagando la popularidad de la etiqueta o ayudando al prestigio del sommelier. Si dudas, pregúntale a Roberto Morán en El Camino Amarillo.

Es un error frecuente ordenar un vino caro y pretencioso en un restaurant, algo así como el “prepo” que pide la botella más cara en el antro para impresionar a su “date”. El Bon Vivant Frugal sabe que el restaurant puede llegar a triplicar el precio de la botella para ofrecerla dentro de su carta de vinos y utiliza la siguiente lógica:

  • Si me cobran $300 por una botella, seguramente se vende afuera en $100, es decir se pagará un sobreprecio de $200 que puede no representar mucho de la cuenta, pero si quiero tomar un vino cuyo precio en tienda es de $400 podría terminar pagando un sobreprecio considerable.
  • ¿Solución? Si tu vino preferido cuesta más de $300 en tienda, llévalo tu mismo(a). El costo del descorche nunca igualará el sobreprecio del restaurant. Si vives al pendiente de lo que los demás piensen de ti ¡alégratre! Serás percibido como una persona conocedora que no se arriesga a no encontrar ahí su vino predilecto.
  • El buen maridaje no se trata de un concurso entre vino y comida. Una magnífica comida no necesita de un vino espectacular.

Algo más, el Bon Vivant Frugal sabe que los vinos caros se toman en casa y son servidos en un juego de buenas copas cuya finalidad es mejorar el gusto del vino.

Como todo consumidor inteligente, el Bon Vivant Frugal busca la relación precio/calidad. Asimismo no teme a probar vinos jóvenes y desconocidos que son comercializados a un excelente precio de introducción y que después, una vez que se “aclienten”, se volverán casi impagables. Así que si alguien cuestiona tu elección de vino, siempre puedes recurrir a este poderoso argumento.

Procura comprar a un importador directo. El ahorro que representa no comprar en los canales establecidos justifica la compra x caja (6 o 12 botellas). Estos importadores buscan bodegas de calidad y poca penetración en el mercado lo que les permite manejar precios bastante atractivos. El Bon Vivant Frugal sabe que sus amistades quedarán gratamente impresionadas cuando ofrezca un vino traído “exclusivamente” para clientes selectos como él/ella.

El maridaje es importantísimo para elevar la percepción del vino. Una buena mezcla entre comida y bebida resulta en el éxito social del Bon Vivant Frugal, por lo que éste inteligente personaje organiza reuniones tipo queso, pan y vino utilizando quesos artesanales producidos en su región (nada de quesos industriales de uso rudo, léase: para quesadillas)

Un vino joven y económico puede mejorar sustancialmente su percepción de calidad al ser decantado por lo que el Bon Vivant Frugal utiliza un decantador que le permite acelerar el proceso de oxigenación del vino que además se convierte en un ritual de la reunión que nunca deja de sorprender a los amigos No-Bon-Vivants.

¿Cuál es el mejor vino? El mejor vino es el que a cada uno de nosotros nos agrada sin importar tipo de uva, región o precio.

Los NUNCAS del Bon Vivant Frugal

  1. Jamás, jamás, ¡jamás! utiliza vasos deshechables para servir vino.
  2. No compra vinos de tetrapack o en envases de galón ni para cocinar. 
  3. Sospecha de todo vino importado cuyo precio esté por debajo de $50. Un vino que pagó transporte, aduanas, impuestos de importación e impuestos suntuarios y que puede ser comercializado a este precio le hace preguntarse al Bon-Vivant Frugal ¿será ésto vino?

Estoy convencida de que una sana relación con el dinero no se basa en la autoflagelación ni en la tacañería, sino en definir prioridades y llevar a cabo aquello que sea necesario para disfrutar la vida y al mismo tiempo lograr las metas financieras de cada uno de nosotros, así que, dentro de nuestro presupuesto y prioridades ¡vivamos la buena vida!

¡Feliz fin de semana!

Karla Bayly

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¿Eres de los que compran lo primero que ven? ¿Tienes una colección de objetos que compraste y no funcionaron pero te dio pena o flojera ir a devolver? Entonces puede que seas uno de los muchos compradores chafas que deambulan por lo centros comerciarles. He aquí tu guía de comportamiento:

1. Compro lo que veo sin pensar en su relación precio/calidad. Comparar precios no es lo mío.

2. Me dejo seducir frecuentemente por ofertas que más tarde resultan no haber sido ofertas.

3. Antes muerto(a) que solicitar una aclaración por el precio de un servicio. Ni que fuera codo(a)

4. Compro siempre la opción más barata sin reparar en la cantidad o calidad.

5. Hago compras por volumen (para aprovechar una oferta) sin pensar en el tiempo que me tomará consumir todo el producto.

6. No sello garantías de los bienes que adquiero (siempre hay mucha gente formada) y aunque lo hiciera, jamás encontraría el ticket de compra ni la garantía en caso de necesitarlos.

7. Si voy a contratar un servicio lo hago por “feelling” No me gusta pedir recomendaciones o andar preguntando. Contrato al primer aviso que encuentro.

8. Los instructivos son para tirarse. Yo puedo armar/instalar lo que sea y además me choca guardar papelitos.

9. Nada más emocionante que la sensación de no saber si llegaré a fin de mes gracias a mis compras impulsivas. Eso de planear el consumo de es “amarrados”

10. ¿Profeco? ¿Qué es eso?

Si eres un comprador chafa seguramente tu tranquilidad financiera se esta viendo comprometida. Presupuestar y ordenar tus compras en base a deseos y necesidades puede ser una gran ayuda para mejorar tu relación con la cartera.

Recuerda que la desinformación es enemiga de tus finanzas personales.

Karla Bayly

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Controla la jugada de tus finanzas

Controla la jugada de tus finanzas personales

Después de una convivencia extendida con cierto futbolista de sillón, he podido advertir que, en este deporte, existen básicamente dos tipos de estrategia a desarrollar sobre la cancha: salir a meter goles (estrategia ofensiva) o salir a defender la portería (estrategia defensiva). Lo mismo sucede con nuestras finanzas personales.

¿Cuál es tu estrategia financiera? ¿Defensiva u ofensiva?

Seguimos una estrategia defensiva cuando nos enfocamos en parar los goles a nuestras finanzas creando una cuenta para las emergencias. La efectividad del portero se mide en relación a su capacidad para hacer frente a reparaciones en el hogar, reparaciones al auto y otros gastos inesperados como tal como la pérdida del empleo.

Ahora bien, el portero no es el único responsable de mantener el marcador. En este equipo de 11 jugadores hace falta una buena defensa, encargada de contar con un seguro de gastos médicos mayores, seguro de auto y un seguro de vida y de incapacidad. La escuadra conseguirá mejores resultados si hay algún medio de contención que le haga marcación personal a los posibles accidentes del hogar y cubra el rubro de responsabilidad familiar.

Hasta aqui vamos muy bien, mantener intacta la red y los marcadores en ceros dan a nuestro equipo cierto “aire” y sensación de seguridad durante la liguilla, pero sabemos que no es ésta la estrategia que gana partidos y escala posiciones en la tabla general, ni tampoco atrae aficionados al estadio.

Para llegar a disputar la final, nos es claro que una excelente defensa es la columna vertebral en la cancha, pero se necesita de delanteros contundentes. La camiseta número 10 de tus finanzas tendrá la misión de armar jugadas estratégicas para asegurar la educación de tus hijos, la compra de un hogar y, la más contundente de todas: un plan de retiro que te permita disfrutar de tranquilidad financiera al final de la vida laboral.

Finalmente, el marcador será remontado por el jugador número 9, encargado de tu educación financiera. Este jugador sabe que no es necesario conocer la composición molecular de la ley del ISR y los fondos de inversión. Sin embargo tiene la fuerza y velocidad necesarios para hacer uso de ellos y, de esta manera, conseguir los mejores tantos de la temporada realizando una planeación fiscal eficiente y asegurando los mejores rendimientos a tus inversiones.

¿En qué posición de la tabla ubicarás a tus finanzas personales al final es esta liguilla?

Karla Bayly

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Creo que habia olvidado un elemento muy importante. Nada anima más a un equipo que una apasionada y leal afición. El amor y entrega del público se verán recompensados en base a la elaboración de un testamento que les evite conflictos, largos trámites y desembolsos cuantiosos en honorarios legales 🙂

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Y para ponerle la cereza al pastel con esta serie sobre las compras por impulso (parte 1 y parte 2), no podía pasar a otros temas sin una última pregunta:

¿Soy un(a) comprador(a) por impulso?

Los siguientes enunciados están basadas en la Escala de Hábitos de Conducta y Consumo (Degeneri, Palavecinos y Ripoll, 1998):

1. Cuando vemos un anuncio, comercial, despleglado publicitario de un nuevo producto o servicio y sentimos emoción por probarlo. Podemos describirlo como una reacción emocional más que racional.

2. Tan solo con entrar al centro comercial o tienda podemos notar que ha cambiado nuestro estado de ánimo. Ya sea que nos sentimos de mejor humor o incluso con cierto nerviosismo.

3. Si tuvimos un mal día, nos sentimos tristes o con angustia, relacionamos el comprar algo con poder levantar nuestro ánimo.

4. Compramos algo pensando en que si no lo llevamos a casa en ese momento, quizá se pase la oportunidad (no importa que sea una licuadora que lleva meses en la tienda)

5. Si voy a un centro comercial, a realizar un pago por ejemplo, no puedo evitar salir sin comprar algo.

6. La mejor parte de la compra es la sensación de que ahora el artículo me pertenece.

Vivimos bajo un constante bombardeo publicitario que nos hace crear carencias imaginarias asociando estados de bienestar a la adqusición de productos y servicios. Las compras no tienen que ser malas en sí mismas pero sí lo es un patrón de compras por impulso que afecta tus finanzas personales alejándote del estado de salud financiera que planeas para tu futuro.

Una buena noticia es que nuestra actitud hacia las compras es solo eso, UNA ACTITUD que se aprende y se desaprende reemplazándola con hábitos tales como:

  • Planificar las compras haciendo una lista de productos y servicios que necesitamos
  • Darle prioridad a las compras de acuerdo a los recursos con los que contamos
  • Comparar precios entre marcas y tiendas
  • Comprar a crédito solamente si conocemos las tasas de interés, condiciones y los pagos estan dentro de nuestras posibilidades
  • Una vez que tenemos una meta y un plan de acción para realizarla contaremos con la motivación necesaria para redefinir nuestros hábitos de compra.

    Karla Bayly

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    Claro que no es ninguna sorpresa, al mejor estilo de García Márquez en Crónica de una Muerte Anunciada en donde nunca sabremos quien tuvo la culpa ni si la hubiésemos podido evitar, sabiámos que la recesión económica tendría que llegar y que la segunda mitad del año sería mucho más difícil que la primera en cuanto a asuntos económicos, sin embargo la bendita influenza nos la dejó caer de sopetón. ¿Qué podemos hacer para combatirla?

    1. Autoresponsabilizarnos por nuestra situación: Y ahora… ¿quién podrá defendernos? Opino que nosotros mismos. Prefiero ponerme manos a la obra en lugar de suspirar y vivir en el hubiera (me matan de la risa los comerciales de “estaríamos mejor con fulanito de tal”) que apelan a nuestra falta de autoresponsabilidad histórica como país y tratar de dejar todo en manos de Papá Gobierno.

    2. Generar más ingresos: En asuntos de finanzas personales gran parte del “truco” esta en ahorrar y poco se habla de generar más ingresos. La recesión económica nos pone en una situación en donde la creatividad y capacidad para generar más ingresos puede mantenernos a flote e inclusive potenciarnos hacia nuevas carreras y negocios. Nosotros decidimos sentarnos a llorar (y a esperar que caigan despensas del cielo) o hacer una lista de 10 cosas que podemos intentar para ganar más dinero o ser más productivos en lo que estamos haciendo.

    3. Participar en la reactivación de la economía: Aunque suene a “cliché” hay que consumir lo que nosotros producimos. Favorecer las marcas nacionales crea un círculo vituoso que nos beneficia a todos. Si planeas vacaciones de verano, este es el momento de encontrar excelentes precios en nuestro país y ayudar a sostener la industria de turismo que es la tercera fuente de ingresos del país.

    4. Cuidar nuestro trabajo: Dicen que hay quien ve la tempestad y no se hinca. Este fin de semana acudí a un establecimiento de comida rápida (de los que estuvieron cerrados y sin generar dinero) en donde fui víctima de un servicio pésimo y me vendieron una tiras de pollo in-co-mi-bles. Cuando nos quejamos, los empleados hicieron cara de “me vale” y siguieron “chacoteando” acerca de lo que habían hecho en “las vacaciones”. Sobra decir que no regresaré a consumir ahí y que probablemente este sea el tipo de gente que va a vacacionar por muuuuuucho tiempo durante la recesión.

    5. Aprender: Crisis han habido y crisis vendrán en el futuro. Tener unas finanzas sanas, invertir de manera responsable, ser competitivos y cuidar nuestra salud son valiosas lecciones que nos dejará el 2009. Depende de nosotros que tan preparados llegemos para la próxima ¿no te parece?

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    Ante la división de bandos entre catastrofistas y pseudoptimistas, quienes no pertenecemos a exclusivas listas de multimillonarios ni contamos con pase “todo incluido” al mundo de la fantasía de ciertos funcionarios gubernamentales, podemos dejarnos abatir por la ambigüedad de la información o la falta de ésta sucumbiendo ante el miedo en las decisiones con respecto a nuestras finanzas personales.

     

    El miedo afecta nuestro estado de ánimo y puede llevarnos a generar estados de angustia y ansiedad, trasladando así estas sensaciones a una inadecuada toma de decisiones y dando cauce a acciones que no llevaríamos a cabo en un escenario normal.

     

    Quizá la primera y más frecuente reacción sea la que los especialistas de la neuroeconomía llaman el “síndrome de manada”, esto es, seguir a los demás sin escuchar lo que la propia lógica o nuestra experiencia nos dicta. ¿Sacaste tus ahorros del banco para guardarlos debajo del colchón? ¿Cancelaste tu seguro de gastos médicos o la póliza de seguro del coche porque consideras que es un gasto aplazable? Ante la posibilidad de que la empresa para la que trabajas comience a reducir su personal ¿has bajado tu productividad, pasas el tiempo en Internet, o sencillamente ya no realizas tus labores con energía y entusiasmo?

     

    Tal vez te has convencido de que es mejor gastar y derrochar ahora (al fin que después “ni quien te quite lo bailado”) pues quien sabe lo que pasará mañana. Si prefieres hacer caso omiso de quienes recomiendan el uso prudente de las tarjetas de crédito, o en el peor de los escenarios, has dejado de cumplir con tus compromisos de pago en espera de que mejore la situación.

     

    Ahora bien, los científicos han demostrado que la tensión causada por el miedo nos ayuda a sobrevivir. Un miedo bien manejado sirve para defendernos de la angustia y nos hace superar los peligros reales. Por ello, los seres humanos tenemos la capacidad entre elegir un estado de parálisis y/o reacciones inadecuadas o decidir potenciar nuestras capacidades utilizando el miedo como medio para convertir esta crisis en un momento de aprendizaje.

     

    La experiencia del mundo corporativo nos demuestra que las empresas que sobreviven a las crisis son aquellas que, entre otras cosas,  deciden adaptarse al cambio, eliminan lo superfluo y prefieren realizar inversiones pensando en los beneficios de largo plazo. También dedican tiempo a delinear su estrategia y la comunican a todos los niveles de la organización.

     

    Tomando en cuenta lo anterior, te invito a aplicarlo a nivel personal, haciendo que el estado de alerta y tensión te lleve a adaptarte a nuevas circunstancias, tal vez buscando la forma de obtener ingresos adicionales o generando valor agregado, como reza el título de esta sección, para tu empresa. Considera invertir en tu educación pensando en mejores ingresos a largo plazo. Elimina los gastos superfluos y establece un plan de ahorro a largo plazo. Finalmente no dejes de platicar todo esto con tu familia pues es necesario hacer equipo para salir fortalecidos de la crisis por la que atravesamos.

     

    Dejo para ti las palabras de Nelson Mandela “No es valiente aquel que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”

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