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La baja de tasas de interés ha hecho que guardar tu dinero en un banco no parezca ser un buen negocio y en parte de eso se trata, de desincentivar el ahorro y fomentar el consumo ¿por qué? Porque si tú, yo y muchos más decidimos salir y gastar nuestro dinero entonces ayudamos a reactivar la economía.

Sin embargo, tal vez la reactivación de la economía no esté dentro de tus planes y más bien decidas guardar tu dinero esperando rendimientos como premio por posponer tu consumo. Si los bancos no son lo tuyo, tal vez sea el momento de acercarte a una operadora o administradora de fondos de inversión ¿cuál es la diferencia? Pues que mientras la operadora únicamente te va a ofrecer productos “marca propia” la administradora cuenta con una gama más amplia de opciones.

Los Fondos de Inversión son portafolios de productos financieros a los que puede acceder un grupo de pequeños y medianos inversionistas ¿queeeee? Digámoslo así, para quienes no tenemos el capital para entrar a una casa de bolsa y comprar un paquete de acciones de Telmex o Bimbo o aunque tuviésemos el dinero no queramos estar “clavados” viendo como se mueve la acción todos los días o, peor aún, pagarle a un “broker” para que maneje nuestro dinero y tome esas decisiones por nosotros, además de pagar comisiones cada vez que nos movamos de un paquete a otro, existe la alternativa de poner nuestro dinero en Fondos de Inversión.

Dichos fondos funcionan como la clásica “vaquita” en donde un intermediario arma un paquete de acciones o bonos y nos invita a entrar. La ventaja es que, una vez invertido nuestro dinero en un fondo, los “expertos” son los que se encargan de comprar y vender, lo cual no demanda toda nuestra atención (y ojo que no toda pero sí vale la pena estar al pendiente, después de todo es nuestro dinerito), las comisiones de entrada y salida disminuyen pues las compartimos entre todos los que estamos pero CUIDADO el riesgo no disminuye, es decir, no por el simple hecho de ser un fondo de inversión significa que el valor de las acciones permanecerá estable.

Por lo tanto, invertir en fondos no necesariamente es más seguro aunque sí más accesible. Existen en México más de 400 diferentes fondos y cada uno de ellos tiene una composición diferente. Para analizarlos puedes consultar el Prospecto de Inversión que se presenta ante la CNBV y no es otra cosa sino la radiografía de los papeles que componen el fondo, qué rendimiento se pretende lograr y quien es el administrador del mismo. Los prospectos son documentos públicos y están disponibles a través de la página de de FundPro que ofrece información de fondos en países como México, Chile y Argentina.

¿Te atraen los fondos de inversión? No te pierdas ¿cómo saber si los fondos de inversión son para ti?

Karla Bayly

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¡Ya me vi!

¿Qué harían tus hijos con $300 mil? ¿Qué harías tú con esa cantidad?

¿Ya te viste? Yo puedo imaginar varias cosas que hacer con esa cantidad y por eso voy a seguir destinando $154 pesos semanales a la compra de pañales y no, no se trata de ningún sorteo, sino de mantener mi nivel de gasto constante aunque mi hija por fin haya decidido ser niña grande.

Uno de los principales obstáculos para el ahorro es la supuesta falta de dinero, y me atrevo a decir supuesta porque acostumbramos a hacer gastos sin pensar que más tarde se convierten en fugas de dinero. Mi caso es el siguiente:

Durante casi tres años hemos venido destinando parte de nuestro presupuesto a la compra de pañales (y si, admito que no he sido la mejor mamá en eso de dominar el control de esfínteres 😦 ). Después de todo este tiempo el gasto “ya ni se nota” es decir, nos hemos acostumbrado a vivir sin esa cantidad de dinero y honestamente, tampoco imagino cosas maravillosas (viajes o compras glamorosas) que pudiera realizar hoy con $154 pesos adicionales cada semana.

Este nuevo “ingreso” mensual de $616 ($154 x 4) podría fácilmente convertirse en nuevos “gastos hormiga” pero ¿qué pasa si mantengo ese gasto constante hasta que mi princesa asista  a la universidad? Invirtiendo en una cuenta que ofrece 8.5% de rendimiento anual (menos 0.85% de ISR sobre rendimientos) pasaría lo siguiente:

 

¿Qué pasa si invierto lo de los pañales?

¿Qué pasa si invierto lo de los pañales?

La idea no es guardar debajo del colchón (porque me lo voy a gastar) cada semana sino que me gustó la opción de Banco Azteca porque puedes depositar cada semana vía internet lo cual me parece de perlas (nada de andar comprando licuadoras cada que vaya a la sucursal).

Ahora bien, la tasa de 8.5% no va a permanecer constante y seguramente variará conforme el banco gane clientela y se mueva la economía. Tampoco los pañales van a costar lo mismo todo el tiempo. La belleza de este ejercicio esta en ir aumentando nuestro ahorro conforme aumenta la inflación y buscar mejores opciones de inversión conforme crece el capital y podemos acceder a mejores tasas, lo que significaría en algún momento mover mi inversión a un nuevo lugar. El objetivo es demostrar que sí se puede ahorrar y que los gastos hormiga sí son significativos en el largo plazo.

¿No tienes hijos? ¿Eres ecologista y utilizas pañales de tela? Bueno, si puedes ahorrar 10 pesos diarios, así se vería tu cuenta:

Ahorrando una moneda diaria

Ahorrando una moneda diaria

¿Ya te viste? Te invito a comenzar tu cuenta de ahorro. Existen opciones interesantes también en Banco Famsa y Makahui de El Peso Nuestro reporta rendimientos interesantes en Banregio. La idea es dedicarle un par de horas investigando en internet y comenzar a ahorrar ¡ya!

El modelo es muy sencillo y puedes hacerlo tú mismo(a) con la cantidad que decidas rescatar de tus “gastos hormiga”. Si lo prefieres puedes escribirme a karla@karlabayly.com y con gusto te lo reenvío.

¡Feliz fin de semana!

Karla Bayly

Vacaciones sin dolor

Playa

¡En unos días estaré en la playa!  Viendo las olas llegar y participando en quiméricos concursos para ver quién puede cavar el hoyo más profundo antes de que alguna ola se atreva a llenarlo, disfrutaré con mi familia de unas merecidísimas vacaciones.

Como casi todas las actividades de este año, los días en la playa serán acompañados del término frugalidad, pues la idea es regresar a casa contentos, descansados y no sufriendo mientras hacemos cuentas mentales de todo lo que gastamos y lo mucho que tendremos que apretar el cinturón para pagarlo ¿te gusta la idea? Esto es lo que hicimos:

Buscando obtener algún provecho de la epidemia de influenza (no todo era ponerse a llorar) buscamos con tiempo los descuentos que los hoteles se aprestaron a ofrecer. Cuando encontramos lo adecuado a nuestro gusto y presupuesto lo pagamos de inmediato con nuestro fondo de vacaciones. Me declaro peleada con pagar unas vacaciones a meses sin intereses, pues creo que siete días bajo el sol no se compensan con otros 548 días (18 meses) de andar tronándose los dedos para pagarlos, pero eso cada quién…

Días antes de partir he hecho una lista con todo lo que podremos necesitar para no olvidar NADA y es que no hay otra cosa más cara que comprar medicinas, pañales, bloqueador solar o lo que sea en una tienda de hotel.  También empaqué lo necesario para lavar alguna prenda de emergencia pues no planeo renovar nuestro guardarropa en la boutique del hotel, amén de que tengo cierta aberración por las playeras con el comercial turístico incluido. Tampoco compraré ese pareo hermoso que solo se ve bonito cuando estas bronceada y que nunca me voy a poner en casa.

Cuidando la línea y el presupuesto huiremos de los bufetes. Existe cierta creencia acerca de que conviene comer todo lo que se pueda en el bufete matutino y así resistir en inanición el resto del día. Imposible en mi caso. Jamás he podido consumir ocho guisados diferentes en media hora para después abstenerme el resto del día. Termino pagando un desayuno caro y mi cuerpo me exige alimento cinco horas después, mal negocio. He comprobado que resulta más económico consumir el desayuno a la carta para toda la familia, alejando también a mis hijos del menú infantil.

No olvidamos empacar también el sentido común. Nada de pagar cuentas médicas por quedarse hooooras achicharrándose bajo el sol, fracturas o lesiones por practicar deportes extremos a los que nuestros casi cuarentones cuerpos no están acostumbrados, ni ninguna otra actividad a las que una sesión de “chelas” en la playa te hagan sentirte atraído para sacar al joven que todos llevamos dentro. Y sí, estoy de acuerdo con Roberto Morán que no se trata de solamente tumbarse sin hacer nada, pero tampoco de aventarme de cuanta plataforma se me atraviese pues ésta mamá aún tiene muchos años de circulación por delante 😉

En las maletas de regreso no vendrá ningún souvenir. Mi familia y amigos saben que los quiero mucho 😉 pero el presupuesto vacacional incluye experiencias, no cosas. Establecimos de común acuerdo una cantidad de gasto diario a fin de controlar nuestro consumo y no irnos de “patitas” con el clásico tarjetazo. Si logramos quedar un día por debajo de presupuesto, el siguiente día nos permitirá hacer un upgrade de restaurant o menú.

Creo que ninguna de estas acciones limita la diversión ni resta glamour a nuestras vacaciones, al contrario, podremos recordarlas como las vacaciones de una familia financieramente inteligente.

¡Felices vacaciones!

Karla Bayly

 

 

 

Frecuentemente escucho y leo a personas preguntándose si deben pagar tal o cual cosa, si las comisiones que cobran los bancos por el manejo de cuentas o las tarjetas de crédito pueden evitarse, también preguntarse sobre la conveniencia de las compras al mayoreo o asistir o no a una venta nocturna, entre otros.

Ahora bien, lo que casi nunca escucho ni leo es a las personas decir: después de analizarlo, a mí sí me conviene “X” y es que, al parecer, no estamos acostumbrados a realizar lo que hacen rutinariamente los empresarios exitosos: el análisis costo-beneficio.

Analizar el costo-beneficio de nuestras decisiones nos ayuda a otorgarles una medida de rentabilidad eligiendo entre varias alternativas aquella que más nos beneficie (por ejemplo: pagar las comisiones de la banca electrónica o perder medio día cada semana acudiendo al banco a realizar pagos).

Para realizar esta dinámica y decidir qué es lo que nos conviene podemos comenzar listando las diferentes opciones que tenemos para satisfacer una necesidad. ¿Llenar la despensa con presentaciones jumbo a un precio más económico por unidad pero realizando un alto pago inicial o ir n veces al supermercado por presentaciones más pequeñas, pagando menos cada vez pero utilizando mi tiempo y la gasolina del auto? Una vez que listamos todas las alternativas le asignamos un valor económico a cada una de ellas.

Ya que hemos asignado costos evaluamos el beneficio que nos presenta cada alternativa. Para  muchas de estas decisiones de índole personal, el beneficio estará representado como: tiempo y/o gusto, algo así como: pago $XXX de banca electrónica al año pero me ahorro 12 días que puedo dedicar al ocio o trabajo y eso vale más para mi, por ejemplo.

¿Valen todas las alternativas lo mismo para todos? ¡Definitivamente no! Te cuento el caso de mi suegro adorado, quien ya me dio permiso de  “ventanearlo” aquí:

Recientemente recibió Euros y, después de una sesión de investigación, encontró que el mejor tipo de cambio era ofrecido en el aeropuerto, así que subió a su auto, manejó dos horas (ida y vuelta), pagó el boleto del estacionamiento (nada barato por cierto), se expuso a las bandas de delincuentes que operan en el aeropuerto  y cambio sus flamantes Euros por moneda nacional. ¿La ganancia? Según yo tablas, si no es que perdiendo, contra haber acudido al banco que opera a una cuadra de su casa. Para mi suegro, que ya está retirado, la ida al aeropuerto  fue quizá el paseo de la semana, una oportunidad de cambiar la rutina. Para él, lo gastado fue una inversión en entretenimiento, creo yo.

Conclusión: lo que para mí puede ser inteligentísimo quizá no lo sea tanto para alguien más y esa es la maravilla de ser seres humanos únicos e irrepetibles ¿no lo crees?

Así que, cada vez que nos asalta la duda o el remordimiento por tener que pagar por algo, podemos realizar este sencillísimo análisis y, de esta manera, estar seguros de haber tomado la mejor decisión. Y ojo, no se trata de casarnos con la primera opción, recordemos que el comprador inteligente compara opciones antes de decidir. Si el banco me cobra X comisión, antes de firmar el contrato compararemos diferentes alternativas, si voy a ir a una venta nocturna busco primero lo que quiero comprar en otros lugares y después decido si ir a esa venta es una buena idea, etc.

Dicen que no hay nada gratis en esta vida, pero la satisfacción de tomar buenas decisiones sí lo es, la sonrisa de tu hijo con quien pasaste el tiempo tranquilamente sí lo es y (cursi, pero cierto) todos los atardeceres y cada día que la vida nos regala ¡son gratuitos!

Karla Bayly

¡Mañana toca!

Así es, mañana es el día 🙂 Como de costumbre, mi hombre guapo y yo, estamos preparándonos con anticipación para nuestra noche especial. Los niños se irán temprano a la cama (sin pretextos), prepararemos alguna botana y abriremos una botella de vino… todo ello como preparación ¡para hablar de nuestras finanzas familiares!

Iniciamos esta costumbre hace algunos años, cuando decidimos ser financieramente saludables y nunca más tirar nuestro dinero. Y, aunque no somos extraordinariamente rigurosos haciéndolo mensualmente, cada cierto tiempo hacemos una cita para hablar de nuestro dinero.

Planear nuestra cita con antelación nos da tiempo de juntar estados de cuenta, poner cada quien en orden sus números, establecer necesidades y buscar la forma de “colar” alguno que otro capricho. No tenemos pretexto sobre si falta algún dato o que mejor nos den ganas de ver una película. Para hablar tranquilamente, nos aseguramos de que no habrá interrupciones y nada mejor que niños durmiendo y a una hora en que no recibimos llamadas telefónicas y es que, para nosotros, este es un asunto serio y no se vale contestarle el telefóno a la comadre para cotorrear el punto.

Nuestra conversación de finanzas es eso, una conversación de finanzas, no sobre quién no lavó los trastes el otro día o si me choca que “x” cosa. Si traemos enojos/resentimientos/emociones entonces la conversación va a ser sobre eso y no sobre lo que habiamos planedo y conste que no estoy diciendo que esos temas no se tengan que abordar, sino que hay momentos para cada uno de ellos.

Desde un inicio tenemos metas como pareja y familia sobre las que trabajamos en estas reuniones. Al pasar los años el barco ha ido cambiando de rumbo y en el proceso hemos reorientado los esfuerzos. Fue en una de estas reuniones donde perdí la negociación de mi camioneta (buaaaaaaaa!) pero gané la compra de una casa con jardín grande (yupiiii!). En otra reunión decidimos darle vuelo a mi hobbie y convertirlo en negocio invirtiendo parte de nuestro patrimonio. Posteriormente (y miren que ésta fue una reunión difícil para ambos) decidimos que también mi esposo emprendería su negocio y renunciamos a las mieles de un sueldo fijo. Hemos logrado soportar cada una de estas decisiones porque conocemos cuál es nuestra posición financiera, cuáles son los compromisos que se avecinan, y Don Excel es nuestro invitado de honor a cada una de estas reuniones.

¿La agenda de mañana? Seguramente discutiremos resultados de las inversiones que hemos hecho y cómo se han dado los retornos, es decir, de que manera esta llegando el dinero de regreso. También consolidaremos las entradas que ambos recibiremos y, con base a ello, vamos a priorizar gastos. Revisaremos el estatus de los ahorros, los gastos que podemos evitar, los que tendremos que hacer aunque no queramos y, sin duda alguna, vamos a discutir sobre las ganas que tengo de hacer algunas mejoras decorativas en casa (urge un cambio de color en varias paredes, una lámpara que me hace ojitos cada que paso por la tienda y un tapetito para el cuarto de tv) y mi esposo tratará de convencerme de que mejor nos llevamos ese dinero a la vacación o tendrá preparado algún as bajo la manga con mejoras al jardín ¿quién ganará?

Nuestros “dates financieros” nos dan la oportunidad de saber que ambos buscamos las mismas cosas y qué es lo que tenemos que hacer para lograrlo, a veces con sacrificios de ambas partes pero también con ganancias para ambos. Hoy puedo decirles que en esta casa sí se discute, algunas veces podemos caernos “gordos”, pero nunca peleamos por dinero porque, en esta familia,

el dinero no es suyo, ni mío, sino nuestro.

¡Feliz fin de semana!

Karla Bayly

Hablar de pesos, pesitos y pesotes es para la mayoría de los latinos un mega tabú. Con nuestra familia, amigos y pareja podemos hablar de todo (y miren que cuando digo de todo, es porque he escuchado cada cosa…) pero de dinero nomás no, apenas sale el tema y ya nos sentimos incómodos.

Dinero como medio de control

Dinero como medio de control

Una de las explicaciones que dan los psicólogos y sociólogos especialistas en el tema es la siguiente:

El dinero tiene connotaciones de poder

Tal vez parezca muy obvio decirlo así con una frase, pero cuando lo aplicamos a nuestras relaciones “pega” más fuerte ¿por qué? Porque estamos acostumbrados a que quien maneja el dinero toma las decisiones. ¿Cuántas parejas conoces en que la señora no toma la decisión sobre si tapizar o no la sala porque le tiene que preguntar a su señor? Y ojo, no estamos hablando de preguntarle si hay o no hay dinero (que en teoría tampoco debería de ser porque en una relación de pareja ambos conocen exactamente cuánto hay en las arcas y cuáles son las prioridades) sino para pedirle permiso de mejorar unos sillones en los que ambos se van a  sentar.

Y si llevamos el tema a la empresa familiar, les puedo ennumerar casos y casos en que es el abuelito quien dice cuándo y a dónde son las vacaciones familiares que incluyen a nueras, yernos y nietos ¿por qué? Porque el dinero sale de su bolsa ¿Y si a los nietos ya les aburren las aguas termales? ¡Ni hablar! El que paga manda y los demás se aguantan.

¿Qué pasa cuando la señora manda a tapizar los sillones sin preguntar o el nieto se rebela y no va a la vacación? No importa que tan bonita se vea la sala o que tan bien se la pasó el puberto en cualquier otro lado, viene la ganancia secundaria: La culpa. Y es que, ay, la culpa es tan difícil de evitar… y tan fácil de gozar.

Entonces convertimos el dinero en un arma que da poder al que lo controla y convierte en víctima digna de culpa y resentimiento a quien no lo controla, basando nuestras relaciones de familia o de pareja en contratos (tú das y yo gasto). Sucede en cosas tan simples como en el sillón renovado o en el papá que paga la boda pero solo si se maneja su lista de invitados el licor que prefiere y la música de su época, cuando en realidad el ofrecimiento de ayudar para la boda era ese, ayudar y no imponer.

¿Están todas la relaciones basadas en contratos de poder/dinero? Afortunadamente no. Así como hay papás que dan el dinero, y digo dar en lo que dar significa (donar, desprenderse) también hay parejas que entienden que el dinero es un instrumento que facilita cosas y el poder no está en quién gane más, quien lo administre o quien tome las decisiones grandes, y perdón, pero aquí me tengo que detener, porque cuando las mujeres decimos que nosotras sí controlamos el dinero a veces nos referimos en que controlamos cuánto le ponemos de gasolina al coche y si nos hacemos tinte y corte o solo el corte, pero el “mareado” es el que dice cuánto se gasta en las vacaciones y con quien se contratan los seguros de vida ¿decisiones diarias o decisiones relevantes?

Podríamos resumir diciendo que la democracía (que significa el poder del pueblo) empieza en la propia casa, donde ambas partes pueden tomar el control del dinero y no importa si es sólo uno quien lo genera o alguien gana más que el otro, es una relación en donde se logran consensos y acuerdos en base a prioridades establecidas de común acuerdo.

Y al final de día ¿a mi de qué me sirve saber si me controlan, controlo o estoy libre del control? Ahhhh! Porque igual que cuando nos ponemos a dieta y nos pellizcan por todo el cuerpo con el “gordómetro” para conocer nuestra cruda realidad, es preciso que cada uno de nosotros, interesados en tener una sana relación con el dinero (que de eso se trata el blog si es que te saltaste el encabezado) nos autoexaminemos y podamos responder:

¿Sufro o ejerzo controlitis mediante el dinero?

Karla Bayly

¡Qué difícil es no prestar dinero! Especialmente cuando se trata de tu hermano, tus hijos o tus padres. ¿Sabes que una de las causas más citadas por la cual las personas tienen problemas con su tarjeta de crédito es porque dispusieron de dinero en efectivo para ayudar a algún familiar? Claro, el familiar salió del apuro, pero dejó colgadísimo al tarjetahabiente.

¿Prestar dinero para terminar peleando?

¿Prestar dinero para terminar peleando?

Encontré el siguiente dato en la encuesta sobre cultura financiera de la UNAM-Banamex:

Prestamos en familia

¿Cuántos de esos préstamos se recuperan? No muchos, al menos en los términos bajo los cuales se realizó la promesa de pago. Prestar dinero a un familiar equivale, en gran proporción de los casos, a regalar el dinero como condición para mantener la relación de familia intacta. Por otro lado, cobrar e intentar recuperar el dinero genera tensiones y problemas en la familia pues termina involucrando a más personas que los originales deudor-acreedor. ¿Cuántos platos se rompen y familias se desbarantan porque durante alguna celebración sale a colación el tema del préstamo no devuelto?

Cuando algún miembro de la familia ha cuidado sus finanzas, ha sido ordernado, se ha convertido en un comprador inteligente y no cede a las compras por impulso en aras de planear un futuro sin preocupaciones de tipo económico ¿Debe convertirse necesariamente en el banco a tasa 0% de toda la familia? ¿Debe alguien reprimir sus caprichos para terminar pagando los “gustitos” de alguien más? Yo creo que no.

Prestar dinero, y especialmente el que no tienes, o planeas destinar para otras cosas, te pone en una situación de desventaja y en un alto riesgo de no ver ese dinero de regreso. Piensa que ayudar a alguien a “tapar un hoyo” no garantiza que no abrirá otro en el futuro. Si se trata de darle “un empujón” también existen otras formas de proteger tu dinero:

  • Dar dinero no es garantía de ayuda, ni de amor. Recomendar a alguien para un trabajo o ayudarle a vender algo, pueden ser más significativos. Recuerda el dicho: “No me des de comer, mejor enséñame a pescar”
  • Igual que cualquier banco, tienes derecho a saber en qué se empleará el dinero y decidir si el proyecto tiene o no futuro.
  • Jamás prestes tu dinero a quien tiene problemas de adicciones o deudas de juego, mejor paga el ingreso para rehabilitación pues “tanto peca el que mata a la vaca, como quien le agrrara la pata” dirían por ahí.
  • Si tu familiar se niega a explicarte o a firmar un contrato que le oblige a devolver tu dinero ¡mejor para ti! Es la señal de que tu dinero no debe dejar tu bolsillo. Alguien que no acepte asumir un compromiso demuestra que tampoco tiene intención de cumplir su palabra. Si los bancos tienen derecho a exigir su dinero de vuelta, tú también.
  • No prestes dinero que no tienes, es decir, no pidas prestado para prestárselo a alguien más, a menos que esa persona firme un contrato bajo las mismas condiciones que tú estas firmando. Más simple, si vas a disponer de una tarjeta de crédito (solo en casos de vida o muerte, por favor), tu familiar debe comprometerse POR ESCRITO a pagar los intereses de ese préstamo. Existe claro, la posibilidad de que no cumpla con el contrato, pero al menos tendrás algo que mostrarle a la tía Euclides cuando te pregunte por que razón no invitas a su hijito a la cena de navidad en tu casa.
  • No pongas tu relación de pareja en riesgo por un préstamo familiar. Recuerda que tu esposa(o) e hijos están por encima de cualquier otro miembro de la familia. Disponer del enganche de tu casa, el ahorro de colegiaturas o cualquiera que sea la razón por la que han ahorrado juntos, en familia, sin consultarlo con ellos primero… bueno, creo que no necesito explicar las consecuencias.

Existen familias, por supuesto, donde los compromisos se aceptan y se cumplen. Cuando alguien pide dinero es porque tiene la seguridad de devolverlo ¿Qué caracteriza estos préstamos familiares? El amor y el respeto. Porque me importas cumplo el compromiso y si, por alguna razón extraordinaria no puedo pagarte, asumo las consecuencias, haciéndome responsable de pagar un interés o cualquiera que sean los términos establecidos.

Recuerda que acostumbramos darle al dinero una carga emocional, si no podemos eliminar las emociones al recibir u otorgar préstamos en familia, estaremos poniendo una carga muy pesada a la relación. Si realmente deseas ayudar, piensa si estarías dispuesto(a) a regalar ese dinero. Si la respuesta es sí, adelante.

¿Has perdido alguna relación cercana a causa de un préstamo no cumplido?

Karla Bayly